“Solo quiero dejar de sentirme así.”
Tiene sentido.
Cuando aparece ansiedad, tristeza, obsesiones, conductas compulsivas o relaciones que se repiten y hacen daño, lo natural es querer que desaparezcan cuanto antes.
Pero en terapia, a veces, es necesario hacerse la siguiente pregunta:
¿Y si el síntoma no fuera solo el problema?
No porque haya que romantizar el sufrimiento.
Ni porque el malestar sea bueno.
Sino porque muchas manifestaciones del malestar están cumpliendo una función: regulan, protegen,
evitan, organizan o dan respuesta a algo que todavía no sabemos manejar de otra manera.
Por eso no siempre basta con preguntarnos:
¿Cómo puedo acabar con esto?
El síntoma no siempre llega para fastidiarte la vida
A veces llega para avisar.
Para frenar.
Para mostrar un límite.
O para señalar algo que llevaba demasiado tiempo sin espacio.
No significa que haya que escucharle obedientemente ni quedarse atrapada en él.
Pero quizá sí merece una pregunta distinta.
En lugar de:
“¿Cómo hago para quitármelo?”
Quizá empezar por:
“¿Qué me está queriendo mostrar?”
“¿Qué ya no me está funcionando igual?”
“¿Qué necesito aprender hoy que antes no necesité?”
Porque muchas veces el cambio no pasa solo por entender qué ocurrió.
También por desarrollar recursos nuevos para relacionarte con lo que ocurre ahora.
Cuando el malestar cambia de forma
Hay algo que vemos a veces en terapia:
Cuando intentamos eliminar un síntoma sin comprender demasiado qué papel estaba ocupando, el malestar puede reorganizarse.
En psicología hablamos, en algunos casos, de desplazamiento sintomático.
No significa que siempre ocurra.
Pero sí que a veces el problema cambia de forma.
Como personas que dejan atrás la ansiedad intensa y se encuentran con un cansancio que llevaba mucho tiempo tapado.
No porque estén fallando.
Sino porque, a veces, el síntoma estaba organizando algo.
Y cuando cambia, necesitamos construir maneras nuevas de cuidarnos y de relacionarnos.
Entonces, ¿qué se trabaja en terapia?
No se trata solo de reducir síntomas —aunque aliviar importa, y mucho—.
También de entender mejor cómo funcionas, desarrollar recursos y construir puentes entre quien has necesitado ser… y quien quieres poder ser hoy.
A veces eso implica aprender a regularte mejor o aceptar ciertos límites.
Otras, comprender cómo te relacionas contigo y con otras personas.
A veces poner palabras.
A veces tomar decisiones diferentes.
A veces dejar de exigirte de la misma manera.
Porque muchas veces el cambio no consiste en volver a ser quien eras.
Consiste en encontrar una forma más amable, más flexible y más sostenible de estar en tu vida.
Si sientes que algo de esto tiene que ver contigo y quieres empezar un proceso terapéutico, puedes llamarme o escribirme para solicitar una primera cita.